Fachada de Santo Domingo, Murcia
Quiero resaltar la común característica
de que todas ellas adquieren su fisonomía actual en el siglo XVIII. A todo lo
largo del siglo XVIII se reconstruyen definitivamente, todas las iglesias de Murcia. Un dineral. Y por
ahí voy. Cierto es que también se verifican importantes obras públicas, como el
Puente Viejo, los Molinos del Río, circunvalaciones, hospitales… Pero no es
difícil intuir que la parte del león –y de la leona– en cuanto a inversión se la
llevan las iglesias. No es pertinente juzgar con ojos de hoy lo que pasó ayer.
En el tiempo hay una necesidad espiritual –o por lo menos religiosa– que no
existe hoy. Entonces, es más importante salvar el alma. Y se piensa que con más
conventos, más templos y más iglesias, lo principal se arregla mejor.
Pero, a pesar de ello, no
es posible dejar de pensar en tantas ciudades europeas que ya tenían
alcantarillado o estaban mejor defendidas ante las riadas, que eran la causa de
tanta iglesia venida abajo decenios atrás. Y, ciertamente que también por toda
Europa se continuaba erigiendo templos. El Rococó se halla por todo el
continente.
Y sobre todo, es pertinente
preguntarse: ¿fue la mejor manera de emplear las energías y los capitales de
aquel siglo de auge? Las respuestas pueden ser como se quiera, pero la pregunta
no puede obviarse. ¿Hubiera sido posible, en caso de no haberse reedificado las
iglesias, destinar los esfuerzos a la obra pública, la enseñanza o la sanidad? ¿Es
posible que aquellas energías surgieron tan sólo porque iban a ser destinadas a
lo eclesial?
Una respuesta positiva
surge de inmediato: se obtuvo una imagen de identidad: la Catedral de Murcia,
con su fachada y el Imafronte. Una seña de identidad que dura hasta hoy. Y
floreció un artista que no es menos emblemático que la Catedral. Francisco
Salzillo. Pero, ¿era prioritaria la consecución de esos dos emblemas?
La Región de Murcia sigue
postrada siglo y medio más, luego de la última reconstrucción, si no recuerdo
mal, la de San Bartolomé. Su fachada se hace tan tarde que ya no incorpora
imágenes en el exterior: es de estilo ecléctico, postmodernista casi. Hay que
esperar a los años 60, para que el analfabetismo decrezca sensiblemente y que
la Enseñanza Primaria comience –sólo comience– a expandirse.
Realmente, desde el punto
de vita materialista, el XVIII fue un siglo perdido, por cuanto la energía
colectiva: mano de obra, ideas y financiación, se fue en obras sin rédito
social. Empero, las conciencias, en un completo estado de cautividad
espiritual, quedaron muy aliviadas. Dicho de otra manera: es muy posible que no
se pudiera hacer otra cosa.
Yo concluyo que si bien, es
impensable un desvío total de las energías hacia lo social. Sí hubiera sido
posible un mayor trasvase del que hubo desde lo religioso hacia lo civil.
Alguna iglesia menos y algún puente más. Algún convento menos y alguna escuela
más. Y así. Ni tanto, ni tan calvo. Los españoles, murcianos incluidos, eran
súbditos y feligreses: he ahí la causa. ¿O no?






