Ningún poema hay
que sea tan malo
que no valga nada.
Todo verso vale algo.
Al cabo, todos los versos,
no son sino palabras.
Y las palabras,
qué son sino sonoras,
furtivas magias
que misteriosamente
a las cosas nos enlazan
Otro asunto es no encontrar
el lector necesario
para que vibre el alma
al escuchar las ideas
en los versos asentadas.
Todo poema tiene
su lector preferido.
Dejad de inmediato
el poema si os desagrada.
Para otro, serán
esos versos para otro…
Y no para el que somos
en ese momento,
acaso con desgana.
Y como se deja una carta
con destinatario ajeno,
pasad la hoja sin ira.
Dejadla marchar, dejadla.
que busque en otra alma
aquel verso el grato reposo
ansiado que busca incesante
su eterno corazón de palabras.
Ningún poema hay
-os lo aseguro-
que sea tan malo
que no valga nada.

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